Macon, Georgia

Cuarta semana de baja laboral. La papeleta, con la dulce poética administrativa, dice: “episodio ansioso depresivo”.

La doctora pregunta qué tal van las cosas.

¿Cómo hablarle de la viruela en el ánima oleosa, del humor gástrico de noviembre, la muerte de las palabras, la necesidad de tierras y huida hacia el país, mi país, por ejemplo, Macon, en el estado de Georgia, donde existe un río sembrado de oro con un nombre imposible, Chattahoochee, y una ciudad posible, Helen?

Y, aunque le hablase, la doctora no puede apagar la luz, porque también sabe que la huida es imposible y, en algunos, la disposición natural para el dolor sólo puede ser obstruida por las aguas densas de un río.

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En una intersección de caminos de Macon, el 29 de octubre de 1971, el mejor guitarrista de su tiempo, Duane Allman, perdió el control de su Harley Davidson Sportster y murió empotrado contra la trasera de un camión.

Menos de un año antes, Allman había ilminado un disco pobre hasta convertirlo en dorado, Layla and other assorted love songs. Escuchándolo vislumbro mis años perdidos: un niño engañado, hormiga a la caza de las migajas de pan para trasladarlas a la negra cueva.

Ya no huelen los discos como huele éste (grabado en Miami, en agosto de 1970): a mediodía y ansia.

Disco entornado y térmico como los ojos de la infancia, sin cortinas teatrales ni máximas, sin generación ni destinatario.

Y murieron:

Carl Radle, el bajista, en mayo de 1980, por una combinación de años de heroína y alcohol.

Y mataron:

Jim Gordon, el batería de trabadas muñecas. Golpeó a su madre (“ella era el diablo”), tres años después de la grabación. A martillazos.

Y no jugaron más:

Eric Clapton, ese hombre que pasea por las revistas de vanidades su falta de alma.

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En un ensayo sobre la destrucción de la infancia y su relación con la enfermedad, Winfried Georg Sebald, acaso uno de los mejores cronistas de la melancolía, intenta describir el estado de angustia:

Una ambivalencia casi de principio de todos los fenómenos y formas de reacción posibles refuerza el potencial de angustia, que se va acumulando. Las cosas se alejan del espectador en la misma medida en que se hacen molestas, parecen tan extrañas como sólo lo es aquello que se cree haber visto antes repetidas veces.

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Me siento caído de mí mismo, fuera de Macon, Georgia.

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4 comentarios

Archivado bajo hotel calvario

4 Respuestas a “Macon, Georgia

  1. trying hard not to sell dreams for small desires

    my memory tells me there was a bird singing at the end of layla……there was a time i waited for that bird to sing ………..in my father’s green gran torino……am radio playing…..white tennis shoes on dashboard….my teenage legs owned the song…..

  2. Paul Valéry escribió en El cementerio marino: ‘El viento vuelve, intentemos vivir’.
    E Italo Calvino, en Palomar: ‘Dov’è vanno il surf e il surfista?’.
    Anduve haciendo equilibrios entre estas dos citas durante muchos años.
    Todavía ando haciendo balsas con troncos para salvarme de futuros naufragios, aunque no sirvan de mucho, sólo para tener muchas balsas.
    Mi país también anda por los USA, cosas de la infancia, se imponen con tanta justicia que terminan convirtiéndose en el único espacio real.
    un abrazo

  3. bichito

    ¿Sabes cual es mi segundo apellido, David? Como puede atestiguar el registro, Balsa. Y tampoco me he salvado.

    Otro abrazo.

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