Los muchos espolones

De los Diarios de John Cheever:

Lo que llamamos pena o dolor suele ser nuestra incapacidad para entablar una relación viable con el mundo, con este paraíso casi perdido. A veces comprendemos las razones, a veces no. A veces, al despertar, descubrimos que la lente de aumento que magnifica la excelencia del mundo y sus habitantes está rota (…) Pero éstas no son las cosas que nos matarán. Es como el hombre que, en medio de la angustia del vértigo, muere atropellado por un taxi.

De los Diarios de Alejandra Pizarnik:

El problema de las lecturas; nunca será resuelto. Y los años pasan y yo quiero escribir una obra extensa en vez de fragmentos. Lo que sucede es que escribo poco. Debería escribir seis o siete horas al día (…) Empieza el temor de que me abran y me dejen así. O sea: de que me curen la herida y no la cierren.

De los Diarios de Franz Kafka:

La silueta de un hombre que, con los brazos alzados a medias y en posiciones distintas, se vuelve hacia una niebla densísima para penetrar en ella (…) Talmud: El que interrumpe su estudio para decir qué bello es ése árbol merece la muerte.

Literatura autobiográfica, diarios, periscopios hacia dentro, los muchos espolones del gallo, la perorata con los fantasmas, dominarse en la intimidad registral. En fin, no enloquecer.

Siempre leo varios a la vez, ¿acaso pretendo borrar el alto silencio (me parece que así lo llamaba Virgilio) que me sujeta?.

Pero en esa afluencia de voces que son otras, no me encuentro, tampoco, casi nunca, no del todo, no hay espejo para este nomuerto.

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2 comentarios

Archivado bajo huesos

2 Respuestas a “Los muchos espolones

  1. No hay mucho más que decir. Está perfectamente dicho.
    A partir de cierta edad (y no lo digo por ti, claro), reconocerse parcialmente en alguien a quien más o menos admiras, no es un consuelo. Eso es más propio de otras edades. A lo mejor se trata de hacer un pacto, y esta vez de verdad cumplirlo. ¿Cómo se hace eso con lo vivido que está uno? Misterio.

  2. bichito

    Lo que peor llevo es sentir que, por momentos, hay otra vida mía que está siendo vivida por otro yo que también tiene la misma sensación: su vida está afuera, interpretada por otra innombrable forma de sí mismo… Me gustan las biografías, no obstante. Me permiten entender que el comunismo, después de todo, sigue siendo una realidad en el dolor: a todos nos duele lo mismo.

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