Cuatro diarios encontrados

Magdalena Isabel del Buen Salvador García-Roncesvalles

:: El moratón en el ojo late como un reloj y los golpes en los riñones todavía escuecen. Una de las otras chicas me untó las heridas con una pomada y trajo un cubo con hielo. Como no puedo conciliar el sueño, escribo frente al ventanuco enrejado con tela de gallinero, aprovechando la mancha de luz de la única farola del callejón. Espero que llegue el camión de la basura. Uno de los operarios es un chiquillo adorable de ojos verdes. A pesar de las heridas, dejaría que me acariciase. No me dolería el roce de sus manos.

:: Ayer logré llamar su atención. Silbé la melodía de Extraños en la noche, la canción de Sinatra, y él miró hacia la ventana. Saludé con la mano y le lancé un bola de papel con el mensaje:

Estoy aquí a la fuerza. Ayúdame, por favor. Sálvame.

:: Después de leerlo, no se atrevió a mirarme de nuevo. Metió el papel en el bolsillo y siguió descargando contenedores en el camión. Tengo que acostarme, oigo los pasos de Demetrio.

:: Hace ya seis meses que vivimos en esta casita en la montaña. No fue tan difícil salir de aquello.  Julio pagó por mí. Ahora parece más viejo. No tiene los ojos verdes, son negros. Me parecían verdes, pero son negros.

Sebastián Hervás

:: En el parque, cinco hombres. Un anciano limpia los ojos llorosos con un pañuelo blanco. Un sin hogar asido a una bolsa de plástico. Es difícil respirar en estos tiempos. Todos necesitamos un pulmón artificial. Un tipo con cara de asesino. También él es víctima de la bilis negra, pienso. Los otros dos somos mi bebé y yo… Esta es mi vida: el tiempo, minutos entre un mareo y el siguiente… ¿Cuántas píldoras? Nueve años de química… Un completo desatino.

:: Tengo planes: escribir, respirar, escuchar el mar… Finalmente, me acuesto en el sofá y duermo… Lejos.

:: Mi vida era música. Componía melodías en silencio. Primero, la voz; luego, las guitarras; finalmente, el contrabajo… Fantaseaba… Era fácil. Antes de dormir, fantaseaba… Buscaba las canciones. Un toxicómano tras el opio. Aspirando la sustancia y encontrando un gran vacío, sin emociones. Ahora no me gusta la música. Tiene demasiadas notas. La música es un epitafio…

:: Muy poco que decir. Esta mañana, como cada mañana, antes de ponerme en manos del masajista coreano, tomé café en el bar de siempre. Una mujer, esta mañana, como cada mañana, hablaba como si estuviese poseída por todas las voces… Es un consuelo… Daría la vida por hablar, pero he olvidado. Nada que decir. En otro país, en otro tiempo, fui una persona brillante.

:: Cinco días de dolor: el pálpito difuso del malestar en la espalda, los riñones, la ingle, las rodillas… Pero, sobre todo, otra vez, días de mareo. Muy cansado.

:: Este paso es el último paso. Este puñado de pastillas. La última digestión.

Nana Ibáñez

:: Hora del desayuno, hora de leche y mermelada, alguien debería invitarme a un cigarrillo, alguien debería darme un Camel con un gesto elegante, Sean Penn estaría bien, pero es demasiado joven, este camisón me gusta, no recuerdo cuándo me lo regaló, cuando hacíamos el amor me pedía que me lo dejase puesto, me acariciaba por encima del camisón, deberían dejar de hablar al menos durante un momento, el tiempo suficiente para fumarme un cigarro, las aceras nunca tienen fin, no puedes llegar a ningún destino recorriendo aceras, leí un libro sobre la fiebre del oro en California, una mujer compartía cabaña con hombres, había osos hambrientos tras el invierno y una tribu de indios hambrientos tras el invierno, la mujer se llamaba Fanny y luego se casó con Stevenson, el de Long John Silver, mi padre estaba empeñado en que leyese ese libro, mi padre no tenía tiempo para jugar pero me daba libros, me los dejaba en la cama, no dejaba besos, dejaba libros, curioso.

:: No me toques, dije, alarga la mano, no me toques, Carlos, pásame el Camel encendido, sabe a tus labios, el camisón se me pega a las piernas, vivo con el camisón puesto, no me gustan estas rodillas dobladas, no me gustan nada mis piernas, cambiaría mis piernas si pudiese, te he echado de menos, sobre todo tus silencios, jamás pensé que el sentirse percha pudiese ser tan reconfortante, pero ahora que no estás, acostándome con otro, añoro el peso de tus silencios estirando la puntilla de mis enaguas, como si en tu chaqueta milenaria llevases grabadas todas mis sonrisas, y necesitase mirarte para recordar la manera en la que queda esa torsión en los labios.

:: Estoy sola delante de una manzanilla perfumada, algo que falta en el chat, verte sorber del borde de la taza, tú, mi fantasma, deberíamos conocernos, así de lejos, así de imaginado como yo te imagino, así de gastado como yo te gasto al mirar la foto que he creado, no necesito Biblias para adorarte, ni horquillas para mantenerte prendido a mi pelo, tengo una mancha magenta  en la lentilla, o es quizá que esta noche no he dormido.

:: Carlos cree que estoy loca por escribir cartas a un hombre que no existe, un hombre virtual, pero en realidad estoy loca por malgastar el tiempo enfriando las infusiones, revolviendo pensamientos en el remolino de agua caliente, Carlos sorbe el café solo largo con un vaso de agua ( a veces es la cocacola con hielo y sin limón por favor) y me mira con cara de si no te quisiera tanto no podría estar contigo sin reírme, qué decías, lo siento, se me caen los ojos.

:: Pienso en cómo y cuánto me gusta ser percha, pero tú percha, sólo la tuya, no me preguntes por qué, y ni siquiera quiero tu polla, ni tus labios, en serio, y oculta pero al descubierto, subida en una duna, volvería a ser amantísima y cuidadosa como lo fui antaño, cuando era aún mas niña que bruja, porque el otoño me ha criado más fuerte que mi propia madre, creo que deberíamos conocernos, pero te tengo miedo, tal vez se rompa la percha.

Trini del Río

:: Papá acaba de dejarme en el Havanna, en el puerto de Bilbao. Llegamos ayer de A Pobra en tren. Desde el vagón vimos un pueblo bombardeado. Había incendios y niños llorando. “Fue la Legión Cóndor”, dijo papá. En la escalerilla del barco nos pidieron el carnet del partido. Un marinero muy grande, rosado como la ubre de una vaca, me dijo algo en otro idioma. Papá me contó después que era comunista, como nosotros, que me había llamado “valiente niña revolucionaria” en ruso. Cuando me dio el último beso, no lloré. Las comunistas de doce años no lloramos nunca de día. Esperamos la noche.

:: Ayer llegamos a Burdeos. Nos juntamos con otros niños. No sé cuántos somos, pero creo que muchos. Hoy por la mañana nos han embarcado en un carguero inglés. Me dan mucho miedo los marineros. Son chinos de barbas largas. No hablan. Vamos a Leningrado. Voy a escribirle a mamá. Nos han dicho que las cartas a lo mejor no llegan, porque los barcos fascistas rodean toda España, pero voy a escribirle igual.

:: Hoy he cumplido catorce años. Los rusos me han regalado una muñeca. Los días son muy largos. Un chico mayor dice que nunca más tendremos que dormir porque aquí no hay noches como en España. Estamos en un balneario que se llama Bandera Roja, en el Mar Negro, que en realidad es tan azul como la ría de Arousa.Nos sacaron de cama a todo correr. Dicen que llegan los nazis, que hay una ofensiva porque Hitler quiere invadir Rusia. Mamá y papá todavía no me han escrito.

:: No he podido anotar nada en el diario hasta hoy. En estos tres meses hemos recorrido dos mil kilómetros y ahora estamos en Tundrija, una aldea de Siberia que se llama así porque está en medio de la tundra. La gente es buena, pero los más pequeños tienen mucho miedo a los hombres, amarillos y sin pestañas… Ayer murió uno de los chicos, Jesulín. Los rusos le llamaban Pushkin porque tenía el pelo rizado, como un escritor de aquí. Yo creo que murió de frío. Estuve con él varios días y no paraba de llorar pidiendo que lo lleváramos a casa, a España… No me entristecí mucho porque ya he visto morir a otros. Angelita Aragón se ahogó en el Dnieper. Era muy atrevida y se la tragó un remolino. Sentí más la muerte de mi mejor amiga, Rosita del Bosque. La enterraron en Barnaul, un pueblo del que nos echaron porque les quitábamos la comida. Rosita murió de tifus. Lo último que me dijo es que la perdonase por comerse una onza de chocolate sin darme la mitad.

:: Hoy me he gradudado en la Universidad Lomosov de Moscú. Ya soy licenciada en Geografía Económica, con muy buenas calificaciones en las dos asignaturas más importantes: Fundamentos del Marxismo Leninismo y Plan Estalinista de la Transformación de la Naturaleza en la URSS. En unas semanas me destinarán a un puesto trabajo. Lo más probable es que vaya a Tallin, la capital de Estonia. Necesitan especialistas en Agronomía Aplicada para producir más trigo.

:: Me han escrito de España. Ha muerto papá. Mi tío me cuenta cosas terribles. La gente de A Pobra no lo saludaba, decían que me había vendido a los rusos… Voy a salir a pasear con Georgi.  Tiene la tarde libre en el cuartel.

:: Creo que ésta será la última anotación en el diario. No sé para quién la escribo. No me hacen falta los recuerdos. Georgi y yo no los necesitamos. Estamos solos. Nuestros hijos quieren venir a España, pero el gobierno de Estonia se niega darles el pasaporte. Los consideran rusos, enemigos. Los nacionalistas nos hicieron lo mismo a nosotros. Tuvimos que marcharnos a escondidas porque Georgi era militar y yo empleada del Estado. En España tampoco nos quieren. A mi marido le niegan el permiso de residencia, a mí me pagan una pensión miserable de 24.000 pesetas al mes… ¿Qué pecado cometí contra España?, me pregunto cada noche. Nunca gastaron un céntimo conmigo. Desde 1937 ni siquiera me mandaron un triste libro para que no olvidase el castellano ¿Para quién escribo? ¿Qué pecado cometí? Los niños de la guerra todavía existimos. Todavía lloramos de noche.

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6 comentarios

Archivado bajo hotel calvario

6 Respuestas a “Cuatro diarios encontrados

  1. Aquí hay muchos nudos en el estómago, a lo mejor porque están escritos con el estómago. Me gustado muchísimo, Jose, tienes ese rara capacidad de llegar a alguien.
    Espero que estas muestras te ayuden en tu proyecto de más altos vuelos!

  2. bichito

    Gracias, David. Me animas.
    Este texto es antiguo, solamente le di unos cuantos retoques, casi siempre ‘depurativos’ (temo que escribo con demasiado artificio en ocasiones). Me ayuda volver a lo que hice, porque me demuestra que si lo conseguí una vez podría hacerlo de nuevo.

  3. segun

    joer, que bien escribes. Me has recordado a Raymond Carver, por las descripciones de escena breves, brevísimas.
    Me encanta leer tus textos. Los leo muy de mañana (gracias a insomnia)
    Salud

  4. trying hard not to sell dreams for small desires

    My heart aches for these children…..

    My parents are from Michoacan, Mexico—I had no idea about Los Niños De Morelia (Michoacan).

    I also agree with Mr. David……………beautifully written, sir

    Thank you.

    • bichito

      I knew the ‘niña de la guerra’ I wrote about (her name was not Trini del Río, but names are not important on this scenary)… she was galician, like me, and she grew up and became old in Russia… when I met her for an article for the paper she lived in a very very small apartament in Santiago de Compostela… she has the saddest eyes… she missed Russia, she missed Spain even living in Spain… she cried eevry night…

      Morelia… there’s a man from there in our neighborhood… he came to Madrid every year and stays for a month… he worked as piano teacher at the Conservatorio but now he’s retired… two days ago we talked about Morelia with him… the terrorist attack with grenades, the churches, the flowers…

      and I’m reading a Malcolm Lowry’s biograpgy but only the Cuernavaca years…

      so Mexico is near, so near

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