Semper aliquid novi ex

En la pared del hotel los enchufes son de madera, disimulados por el yeso aguado de un mal brochazo blanco. Todo es superficie velada. Una metáfora: la cama baqueteada por mil ardores y no menos soledades disimula un manojo de cables eléctricos: tantos colores como el océano.

Estoy en Banjul, estoy en Bamako.

En la plaza de la Juventud, el Partido Comunista ha instalado unas cajas acústicas que emiten versos rapeados en inglés. Los niños bailan con la gracia de aquellos con huesos de música. La lluvia de enero huele a siglos y cada bocanada de aire es una copa de ron. El mundo está borracho y La Habana es el bar.

Estoy en Luanda, estoy en Yaoundé.

Los matones de civil, a los que veré unos días más tarde tumbando al suelo a un hombre, son gorilas yorubas al mando del Gran Brujo, el anciano peripatético que habla en la CNN, siempre vestido de almidonado oliva. Aquella muchacha con pantalones de licra es una cambaca de Mozambique; el niño triste, un gangá de Costa de Marfil. Matumbas, mayombés, lucumís, mandingas, gangás… La Vieja Madre África rompió aguas y parió en el regazo de la bahía.

Estoy en Danane, estoy en Yamasouccro.

Las caderas de Caridad vienen dando la hora. Los labios de Etelvina son un mueble de ébano. Las manos de Paulino suben por los caminos de la tarde. Nadie tiene mucho que hacer. Resolver es el verbo y el único salario el cielo. “No somos héroes”.

Estoy en Niamey, estoy en Ouagadougou

José Martí:

Nuestro vino es amargo, pero es vino.

Las palabras de la abuela:

El hombre sólo deja su sombra sobre la tierra.

La profecía de un testigo de Jehová en Pinar del Río:

Vendrán tiempos de ceniza.

El ardor de un joven, nómada en el páramo verde, camino de Bahía Honda:

Siempre se llega.

Estoy en Donala, estoy en Bo.

La Habana no resiste un primer plano. Sin embargo, aquí está el equilibrio de las flores mustias. Todos los milagros que hizo Dios para saborear el amargo fruto del tiempo arropan la vida: un aroma de flamboyanes y mangos; el eje cósmico de las ceibas; la muleta espiritual de la selva de columnas (pesadilla armónica, contrasentido razonable); los palacios casi moros, poblados con fantasmas de contrabandistas; las villas bombón del Vedado, pasteles rancios con arquitectura de crocante; el hotel racionalista donde Dillinger tiraba los dados con la mano izquierda, mientras la derecha acariciaba el vientre de una niña…

Estoy en Ogowé, estoy en Kuango.

Anuncio por palabras en el diario El Siglo, 1865:

Por necesitarse dinero se vende una magnífica negra de 24 años de edad, de hermosa y bonita presencia, excelente lavandera, planchadora y costurera, nacida en la casa, acostumbrada a buenas maneras con sus amos.

Estoy en Kong, estoy en Mayombe.

Niños por todas partes. Niños intrépidos como las aguas del Malecón más bello del universo, niños de inocentes pies descalzos, niños en un lugar que no es lugar, es atmósfera. Niños salvados, pese a la continua demanda (“dame un one dollar”), de la nueva anarquía tribal, de la balcanización de todos los pliegues del mapa. No hay comida, no hay gasolina, hay humanismo. No queda fatalismo en las paredes muertas, ni desconsuelo en la cochambre.

Algo de verdad, pese a todo, en la cartelería del régimen:

Esto sigue, esto no se agota.

Estoy en Maní, estoy en Longobá.

La Habana, quien no la ve no la ama. Tierra de arcilla roja, música afilada y aliento de tiburones: Ted Turner paga 5.000 dólares al día por la suite presidencial del plateresco y exclusivo hotel Nacional, Alain Delon y Hanna Schygulla se dejan estirar la piel en las clínicas para granujas millonarios. En Villa Lita, la casona art decó inaugurada en 1920 por Caruso con un aria de Tosca para el marmolista napolitano Penino, un pobre hombre permuta hoy búcaros de Sevres del XVIII por una caja de Bucanero. “¡Qué bien sentaría aquí una caja de cerveza!”.

Criollo:

Venga uté a tomai seivesa
Y búquese un compañero,
Que hoy se me sobra ei dinero
En medio de la grandesa.
Dio mirando mi pobresa
Me ha dado una lotería
Y en mi radiante alegría
Me ha convertido en poeta;
Y aquí está mi papeleta,
Que no he cobrao todavía

Africano:

¡Ah! Si oté no lo cubrá,
Si oté tovía no fue,
¿Pa que buca que bebé?
¿Con que oté lo va pagá?
Cuando oté lo cubra, anjá.
Antonsi ma qui ti muere
Bebe oté como oté quiere,
Come oté como dan gana,
Y durmí oté una semana
Ma que lan tempo si piere

:::

Escribí este texto en La Habana hace años. Fue publicado en una sección semanal que firmaba cada domingo en un diario de Santiago de Compostela, mi ciudad natal. Esos dos extremos, el destino y el nacimiento, se confundieron cuando llegué a Cuba. El deseo de cerrar círculos similares me empuja a someter ahora a los previsibles lectores al innecesario tormento de enfrentarse a la pieza.

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7 comentarios

Archivado bajo huesos

7 Respuestas a “Semper aliquid novi ex

  1. segun

    nada de nada, muy interesante. Descubro que en provincias también habia columnistas que escribían muy bien.

    • bichito

      Eso de ‘provincias’ suena bastante despectivo, pero me lo tomo sin rencor =)

      La mejor prensa española siempre se hizo fuera de Madrid y Barcelona. No lo digo por capricho, es historia.

  2. segun

    por favor, josé, en absoluto es despectivo en mi texto, lo que pretendo decir es eso que la centralidad se está diluyendo así como el concepto “de provincias” a marchas forzadas, creo. Otro concepto que refleja esa centralidad es “eres del norte”, con el cual no me identifico por razones varias que no vienen a cuento comentar.

    Pd. soy un asiduo lector de prensa y no tanto de literatura, aunque por mi trabajo, he de leer. (disfruto de la lectura con tus textos, palabra)

    • bichito

      Lo sé, Segun. No había crítica en mi respuesta, sólo ganas de polemizar.

      No hay nada que me atragante tanto de mi gremio como esos periodistas madrileños que creen estar en el centro del universo, cuando resulta que esta ciudad -cerrada y desprovista de ósmosis- jamás mantuvo lazos de intercambio con Europa y el mundo como los de las capitales atlánticas, cantábricas o andaluzas con puerto de mar.

      Un abrazo.

  3. Cuba.

    ¿Sabías que si un dia se me hace realidad el sueño no podré contar nada al respecto?

    Que texto extraño y hermoso.

  4. Precioso, raro, parece el negativo de una foto. Sigue cerrando círculos y pasando página.

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