Goldwasser

Bebo aguardiente de Danzig en el que se eternizan en suspensión pequeños trozos de pan de oro. Danziger Goldwasser, un brebaje inventado en el siglo XVII por un holandés con pretensiones de alquimista. Las virutas de oro rasguñan las paredes del aparato digestivo superior y abren al alcohol un paso franco hacia el torrente sanguíneo.

Perseguía secretos y encontré un milagro. Nunca atiendo el reloj. Ningún tic tac en mi vida. Cada mañana lleno la maleta de referencias bibliográficas. Cada noche salgo al mundo para ejercer.

Soy la ganzúa, como Dios, sujeto que todo lo contempla, ama, juzga, sueña, condena o redime. Como Dios, objeto de adoración universal.

El fuego celeste pertenecía a los elegidos y fue robado por los hombres. Esta violación humana de la propiedad divina debe ser expiada.

En eso estoy.

No estoy loco.

Fui enlace sindical.

Creo en la antigua democracia asamblearia.

Trabajé para el Estado.

Me gusta la poesía.

Puedo separar el mesocardio del mesenterio sin provocar hemorragia.

Fui un policía justo.

No estoy loco.

Salgo en busca de la furia y encuentro otra cosa, algo distinto.

Tal vez estoy loco.

El organismo no se divide en dos partes iguales, he comprobado que la simetría no existe. El mono crece hacia lo bestial y el hombre hacia lo humano, decían los profesores, pero ninguno consiguió explicarme dónde encontrar el alma-célula o la naturaleza de la conciencia.

Ahora estoy despierto, esperando mis citas secretas.

Interrumpo la grabación: aquí llega la próxima.

Yo te bautizo con fuego, te amo con truenos. Sello tus oquedades, ahogo tus voces.

Nada es más hermoso que un grito, ¿verdad?.

¿Qué puedo temer? Cuando caes vuelves a levantarte con ayuda del suelo.

La última fue la más fácil. Era blanda a pesar de los músculos: una atleta educada en la superación y el alto rendimiento de los colegios de pago. Dos licenciaturas, dos tajos.

Un país tan miserable merece el dolor.

Me gustan las aceras recien lavadas.

La cuchilla no se limita a cortar, penetra. He robado esta frase.

Otra: hay una estaca en tu negro y grasiento corazón.

Una tercera: soy el ayudante del mago, el que no titubea.

Mi casa es ésta, boreal, un escalofrío entre las cejas

¿Por qué mato?, os preguntareis. Para responder grabo estas reflexiones. Alguien pretenderá tenerlas a mano algún día. En mi oficio no abundan los amanuenses.

Primero: me gusta.

Segundo: todo da vueltas.

Tercero: ellos se rien de mi nombre.

¿Por qué proteges tu plato? Es como si temieses que alguien te fuese a quitar la comida. Pero no es pan lo que deseo arrebatarte.

¡Ah, si el hombre conociese la dignidad de sus entrañas! Entoces solamente viviría para la divinidad.

Elegir una especialidad y agotarla, exprimirla como un pomelo… Por ejemplo, el mar. Por ejemplo, el fuego.

Aquí está la próxima.

¿Cómo te abrigarás en la noche oscura?

¿Cómo escaparás del brillo de fuego?

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1 comentario

Archivado bajo huesos

Una respuesta a “Goldwasser

  1. Me gusta cuando escribes como a tientas, desde la oscuridad. Es entonces cuando se ven cosas.

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