Tinta válvula

“Soy la sed de la tierra de Joshua, algún día beberé”, había escrito Gram en una carta a Emmylou.

Hablaban durante horas, pero necesitaba escribirle: la tinta parecía dar más alcance a las palabras. La tinta, una vez derramada, sigue palpitando, es una válvula.

“Ha venido a verme la vejez al espejo, siempre el voraz mar en calma del cristal, encerrando mi alma en la oscura mazmorra, el eje sobre el que todo gira. Alojado en la memoria, en una posada subterránea. Así vivo. La luz del sol entra filtrada por un colador, nunca es íntegra. Me olvido con frecuencia, decaigo, conjugo el verbo trasladar y termino detenido. Quizá así sea siempre, todo oscuro, como la sombra entre las palmas de las manos. Tengo muy poco, Emmy, muy poco. Las bisagras de mi carrusel han encallecido: ya no se alza la montura, no se encabrita, el mundo se escurre y ni siquiera lo advierto, ¿es posible un endurecimiento de la vista, un desinflarse de la voz? El tiempo se disuelve, no queda rastro. Tengo miedo, pero ni siquiera padezco el miedo. Soy el sin sentir. Pero, tranquila, ardillita, será fácil olvidar. Es fácil considerar que vivir y revivir y pervivir y sobrevivir son colillas chupadas”.

Ella encontró la carta cuando, meses después de la muerte de Gram, fue capaz de sobreponerse y, soportando la mancha de petroleo de la ausencia, se decidió a repasar los papeles. No había leído nunca la carta, redactada en un incongruente papel cuadriculado. Gram no franqueaba el correo. Gram no sacaba la basura.

Emmylou leyó oprimida por una camisa de latón. Leyó por segunda vez y cerró los ojos. Leyó por tercera vez.

“Para siempre, para siempre a pesar de todo. Yo era la única que sabía del eclipse, pero no estaba allí para alumbrar, para encender la vela que parecía inagotable, la del pequeño vaso azul, nuestra hermana de tardes perezosas. Me has amputado”, escribió a lápiz en los márgenes de la carta, queriendo que las arañas de sus letras tendiesen una red con la caligrafía del muerto.

(Esto es una mínima porción de lo que algún día será mi libro pendiente. Lo publico en honor a una amiga que conoce los secretos botánicos de las flores que poblaban el jardín de Gram y Emmylou)

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