Apóstoles lunáticos

Mañana de sogas trepadoras. Un mono podría divertirse en mi selva de sudor. El soplete de julio.

Vivo aislado desde tu fuga anual hacia naciente. Conduzco con los ojos cerrados.

Veo el fútbol en la televisión. Cuando los jugadores españoles marcan, grito “¡gol!” pero interrumpo el grito porque es de lunáticos gritar para uno mismo.

Me acompañan Gillian Welch (“nobody knows my name”), el Bob Dylan más zascandil (“I wanna be your lover, babe”) y algunas historias de malaventura, calamitosas crónicas de calamitosos músicos, que leí anoche por casualidad en una vieja revista musical.

“Unlucky!”, dice el titular, en letras capitulares roídas por los caninos biliosos de la sub historia y la ingratitud.

Estos son algunos de mis compañeros de parranda, no espero llamadas de otros, ya no quedan números, todas las llamadas son para ti:

1.
El telefonazo anónimo a la Policía sobre un cadáver de yonqui, en diciembre de 1980. El muerto, jeringuilla en el brazo, era uno de los compositores más sutiles del siglo, Tim Hardin, colgado de un sueño. El mundo estaba demasiado ocupado en esas fechas llorando a John Lennon para preocuparse. Más de un muerto por vez se nos atraganta.

2.
La faringe insaciable de Little Willie John (tono claro como el agua de una fuente, necesitada, para compensar, de la combustión del whisky). El suyo fue un r&b con percusión de puñetazos y cerrojos de celdas. Demasiada furia en 150 centímetros de altura. Murió en la cárcel, en 1966, año de sonrisas. Nadie se moría en 1966, las gafas de sol eran muy oscuras.

3.
El nuevo Job, Roy Orbison. Accidentes de moto, hijos quemados en un incendio accidental… Pretty O, corazón roto como papel de celofán de la voz.

4.
El infortunio de los Zombies, el pop más inteligente de la british invasion, sancionado con la omisión.

5.
El blues en blanco de Jackson Frank, de ternura nubosa. Hospital tras hospital, día tras día. Cuando descansaba la vejez y el desaliento en el portal de su casa de Queens, una bala perdida se le clavó en un ojo. Ningún obituario para los ciegos.

6.
Bobby Fuller sonaba a los Beatles antes de los Beatles. Sucedió en Texas, donde la arena tiene surcos de pentagrama. En una madrugada de 1966, se metió en su coche y chocó, por decisión propia, contra un tanque de gasolina. El humo dibujó letras en el amanecer:  I fougth the law (and the law won).

7.
Moby Grape, los primeros en encararse con tres guitarras al mismo tiempo. También se encaraban con otros instrumentos: durante la última grabación, el genio extraterritorial Skip Spence atacó al resto de la banda con un hacha.

8.
Calor fatídico. El mejor grupo de blues del planeta, Canned Heat, los únicos escuchados con respeto por los negros. Ganaron la lotería del cementerio: Al Buho Ciego Wilson cayó con los barbitúricos; Bob Hite, con la heroína, y Henry Vestine, con un infarto…

9.
Sadfinger. Apadrinados por los Beatles cuando quisieron ser mecenas, Badfinger fueron representaciones en negativo del primor de sus canciones. Pete Ham y Tom Evans, como buenos colegas, escogieron la misma puerta de salida: el suicidio.

10.
Terry Reid. Tuvo el coraje de decir no a Jimmy Page cuando lo invitó a ser el cantante de Led Zeppelin (una pena, la voz de Reid rasga con la espontaneidad de la que carece el niño de pasarela Robert Plant). Hizo un disco inolvidable, River, y se esfumó en la nada.

Apóstoles blandos, buena compañía para gritar como lunáticos.

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4 comentarios

Archivado bajo hotel calvario

4 Respuestas a “Apóstoles lunáticos

  1. Alejandro Nafría

    Me gustaría estar hoy contigo para gritar, correr y quemar todas las banderas … todas.

  2. Yo suelo ver el futbol de modo muy tranquilo. No gritos, no aspavientos, nada de exageración. Hasta pienso que soy una buena compañia para ver un juego. Pero un dia, mi equipo necesitaba un gol para pasar a la siguiente ronda, este cayo en los ultimos 3 segundos de tiempo y cuando me di cuenta estaba yo subido en un sillón, al que llegué despues de brincar sobre una mesa, reptar sobre la alfombra y pasar por debajo de otra. Me sentí ridículo y felíz y desde entonces pienso que la felicidad y el ridiculo son dos cosas que estrechan sus manos más seguido de lo que se cree.

    En la siguiente ronda nos eliminaron clara y facilmente.

    ¡¡Viva el campeón!!

    • bichito

      Yo no me lo tomo muy en serio, pero te podrás imaginar cómo está de brava y caliente la cosa por aquí. Ayer había cientos de miles de personas en la calle y hoy, que llega el equipo, se espera una especie de catarsis.

      Me desentiendo de todo esto.

      Me alegra que hayan ganado. Es verdad que son simpáticos (y bastante incultos), practican el anti divismo (aunque ganan millones con cuanta campaña publicitaria se les pone por delante) y representan a una suerte de ‘nueva España’ que ha crecido mejor alimentada, con los bolsillos más llenos y la mente menos afantasmada por los monstruos de la historia.

      Es no menos cierto que todo esto nos hace olvidar el lío de mil demonios en que nos han metido los magnates -entre ellos los dueños de algunos clubes de fútbol- por tratar de exprimir el país según un credo depredador.

      No es casual que una de las ‘personalidades’ que ayer bajaron al vestuario de la selección fuese la hija de uno los grandes oligarcas de este país, el banquero Botín.

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