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Un empresario menos

Hola Malc:

Te has muerto de la enfermedad más abundante en tu gremio, el de los empresarios. Cáncer, qué vulgaridad, qué bajada a los infiernos de la plebe para un inglesito esnob como tú.

No te lloro: robaste todo (desde la idea del punk hasta el alma de los Sex Pistols, pasando por las imbecilidades de Bow Wow Wow y aquellas chicas saltando a la comba, como llevaban haciendo cincuenta años).

En el Reino Unido te compraban cualquier cosa. Hay muchos yonquis con la cabeza vacía en las riberas insulares del Támesis. Ahora les intentabas convencer de las bondades de beber alcohol en las librerías.

Entré en tu boutique londinense una vez, en 1977, y tampoco me emocionaste. Yo ganaba 10.000 pesetas al mes y tú intentaste venderme una camiseta rota por 5.000. No te llamé cabrón, como hizo John Lydon, pero me hubiera gustado.

Cáncer para el publicista de sí mismo. Una buena metáfora de los tiempos a los que intentaste ordeñar.

Y, menos humos en la tumba, man, el punk ya existía cuando lo inventaste y los Sex Pistols perviven pese a ti. Nadie sabe quién era el mánager de aquellos muchachos feroces y algo tontos. Nadie sabe nunca quién es el mánager porque, qué demonios, ¿para qué hacen falta los mánagers además de contar billetes?

Evita a Syd allá donde estés. Lleva años intentando partirte la cara.

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Charlie Gillett, africaneando

Hola, Charlie:

No debo lamentar tu muerte. Ahora estarás celebrando el encuentro con los colegas de la mejor de las parrandas: Ian Dury, Chuck Berry, Blind Lemon Jefferson…

Quizá se reirán de tu libro mientras leen en voz alta párrafos sobre la africanidad del rock and roll. Quizá tú te rías también. Tenías mirada de catedrático pero alma de nómada. Nadie entendió mejor que tú que la música del diablo de cuyos perniciosos efectos advertían desde los púlpitos no era cosa de blancos. Lo nuestro es la polka.

Con Nick Cohn, Greil Marcus y Lester Bangs eras la crema del pastel de analistas. Nada cool (ni siquiera los Beatles te impresionaron: los habías presentido en Chuck Berry y Bo Diddley), nada etnocentrista (hablaste antes que nadie de world music, antes de que fuese eslogan), nada ciego (odiabas los sintetizadores amanerados de los ochenta)…

Esta noche buscaré tu libro en al arcón. Será mi catecismo.

Invita a una ronda por mi cuenta a la pandilla de gitanos.

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Alex Chilton, rip

I don’t care how much money I gotta spend,
Got to get back to my baby again
Lonely days are gone, I’m a-goin’ home,
‘Cause my baby just a-wrote me a letter

Hola, chico de Memphis:

No tenias derecho a dejarme tan solo. No esperaba que te fueses. No.

December boys got it bad

:::

post edit:

la normalidad de un marmitaco de bonito y un vaso de agua de grifo, la agenda  de la apariencia
interrumpió la missa defunctorum

ahora, fumando un cigarrillo de hebra (Cutter’s Choice, te gustaría la marca), finest Virginia
escucho Keep an Eye on the Sky, el disco que hace unos meses me volvió a inyectar la fiebre que derramabas

junto a Chris Bell -otro muerto prematuro- en Big Star, los Beatles estadounidenses
y, aún antes, porque crecimos en la simbiosis de los calendarios, las niñas con las que bailé The Letter

que cantabas como un negro-blanco
en The Box-Tops, cuando aún los ojos eran un milagro, un abrelatas

en aquellas fiestas que, sospecho, también hubieras disfrutado
pero las niñas también han muerto contigo

dejando en mi hombro la huella
de una cabeza muerta

Lux æterna luceat eis, Domine, cum sanctis tuis in æternum, quia pius es.
Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis.
Cum sanctis tuis in æternum, quia pius es.

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I’m the dog that ate / your birthday cake

un disparo en el corazón

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Jerome

¿Qué tal por ahí, Jerome? ¿Ya has charlado con Lafayette, tu colega dianético? ¿Hay orgones para todos?

Trece cuentos -algunos muy malos, otros muy buenos- y una novela de esas que llaman en las solapas ‘de iniciación’ te han bastado para ser un mito y para ser insoportable, maltratador, hedonista y energúmeno como sólo a los mitos se les consiente. Se ha montado la marimorena con tu muerte: enigmático, influyente, phony

No puedo decir que lo siento demasiado. Leí El guardían entre el centeno, creo recordar, en 1968 ó 1969, es decir, cuando debe leerse (15 añitos y una presunta capacidad para amplificar y querer saber qué es lo que nos espera, que viene siendo nada de nada)…

Pero por entonces, Jerome, ya había leído Rayuela -que es bastante mejor novela que la tuya para un adolescente- y escuchado a los Beatles, que con dos o tres canciones me habían iniciado con más empuje y gracia.

Llegaste tarde para mí.  Tu Holden se parecía a uno de mis primos mayores al que no era capaz de aguantar por su simpleza bravucona.

Sé que no tengo razón y qué tampoco importaría si la tuviese: van a loarte, van a aplaudirte… Se te hincharía el pecho asistiendo al ceremonial.

Espero que el cielo te haya sabido esperar. No lo tengo claro, pero lo espero.

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É aqui / Não é aqui

Quando você for convidado pra subir no adro da Fundação Casa de Jorge Amado
Pra ver do alto a fila de soldados, quase todos pretos
Dando porrada na nuca de malandros pretos
De ladrões mulatos
E outros quase brancos
Tratados como pretos
Só pra mostrar aos outros quase pretos
(E são quase todos pretos)
E aos quase brancos pobres como pretos
Como é que pretos, pobres e mulatos
E quase brancos quase pretos de tão pobres são tratados

E não importa se olhos do mundo inteiro possam estar por um momento voltados para o largo
Onde os escravos eram castigados
E hoje um batuque, um batuque com a pureza de meninos uniformizados
De escola secundária em dia de parada
E a grandeza épica de um povo em formação
Nos atrai, nos deslumbra e estimula
Não importa nada
Nem o traço do sobrado, nem a lente do Fantástico
Nem o disco de Paul Simon
Ninguém
Ninguém é cidadão
Se você for ver a festa do Pelô
E se você não for

Pense no Haiti
Reze pelo Haiti

O Haiti é aqui
O Haiti não é aqui

E na TV se você vir um deputado em pânico
Mal dissimulado
Diante de qualquer, mas qualquer mesmo
Qualquer qualquer
Plano de educação
Que pareça fácil
Que pareça fácil e rápido
E vá representar uma ameaça de democratização do ensino de primeiro grau
E se esse mesmo deputado defender a adoção da pena capital
E o venerável cardeal disser que vê tanto espírito no feto
E nenhum no marginal
E se, ao furar o sinal, o velho sinal vermelho habitual
Notar um homem mijando na esquina da rua sobre um saco brilhante de lixo do Leblon
E quando ouvir o silêncio sorridente de São Paulo diante da chacina

111 presos indefesos
Mas presos são quase todos pretos
Ou quase pretos
Ou quase brancos quase pretos de tão pobres
E pobres são como podres
E todos sabem como se tratam os pretos
E quando você for dar uma volta no Caribe
E quando for trepar sem camisinha
E apresentar sua participação inteligente no bloqueio a Cuba

Pense no Haiti
Reze pelo Haiti

O Haiti é aqui
O Haiti não é aqui

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Quemada

¿A quién se le ocurre llamar a una niña como la capital del Tíbet? Respuesta: a una madre hippie que lee el Libro tibetano de los muertos.

¿A quién se le ocurre cantar como embreada, como escamada, como brazos torcidos? Respuesta: a la niña Lhasa, que dejó de vivir el uno de enero.

Nunca llegué a Lhasa, la tibetana, pero sí a Lhasa de Sela, la cantante. Lo hice tarde, porque quizá vivo demasiado pendiente de los lugares que no importan y ella, franco-canadiense, casi nómada, era capaz de cantar rancheras, blues, corridos o comparsitas de barrio latino.

Me avisó de su brea, de su canto mudo, de sus escamas, de sus secretos desnudos, una amiga rumana, A, fotógrafa, como la madre hippie de la cantante.

Hablábamos de música y canciones rotas en Bucarest, la ciudad-grieta. Yo mencioné mis vulgaridades (Cohen, Parsons, Vand Zandt, Drake, Wyatt…). A dijo:

Debes escuchar a Lhasa. Sus canciones son torch y mourning.

No sabía los significados precisos de ambas palabras. Ahora sí: arder como una tea y luto, respectivamente.

Tropecé con los dos primeros discos, La llorona (1998) y The living road (2003), tarde pero con agrado. El tercero, el reciente Lhasa (2009), no les hace justicia, es pésimo, un mal testamento. Ahora, sabiendo de los dos años de cáncer, quizá pueda enfrentarlo con otro talante.

La vimos una sola vez, en Madrid (hice la foto de arriba con la cámara pequeña). Lhasa cantó ante un telón azul. Lo hizo con rimas torcidas, bellas pese al mal sonido,  al acordeón (tan francés, tan porteño, tan llorón) y a la infamia de un villancico patrio sobre unos peces que beben en el río.

Ahora estamos en duelo por una mujer que cantaba en duelo.

¿Cómo ha de ser el luto por una canción? Dorado con certeza. Acaso gris, pero calmo. Acaso seco, pero nunca arrugado por la infamia del sarcasmo.

Lhasa, gran quemada (también por la terapia química), olla hirviente de dolor, negra sangre lejos del podrido árbol de la prudencia.

Sin llanto ni bella estampa. Ahora es siempre.

Tea. Ella lo cantaba:

tuve que quemarme p’a llegar a tu lado

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